Acerca de mi

Soy Mariana Marín una Health Coach apasionada por el cuerpo humano, su complejidad y cómo su estado se ve influenciado por la forma en que vivimos, nuestros hábitos, nuestra mentalidad y nuestra salud intestinal.

Desde hace 6 años, a raíz de ciertos problemas que tuve con mi salud, el interés por conocer qué estaba afectando el bienestar de mi cuerpo empezó a crecer. A diario vivía con problemas de salud derivados de desbalances intestinales (algo más común de lo que te imaginas). Todo me caía mal, sufría de estreñimiento, permanentemente me sentía inflamada, con gases y con sensación de pesadez. Me sentía enferma y la peor parte es que pensaba que era normal.

Tenía problemas en la piel como dermatitis y acné, dolores de cabeza recurrentes y épocas de frecuentes infecciones vaginales derivadas de la candida. Me sentía sin energía, con mucha ansiedad por la comida y muy irritable. Tanto es así, que las personas a mi alrededor decían que vivía malhumorada. Y es que mi estado de ánimo era en realidad una montaña rusa.

¿Te identificas con algo de esto? ¿O quizá con todo?

Seguramente…

A pesar de esto, yo estaba segura de algo: quería sentirme bien ya que algo me decía que eso no era lo normal. Y puede sonar obvio, pero la realidad es que la enfermedad la normalizamos y los síntomas con los que vivimos día a día, los terminamos incorporando en nuestra identidad porque nos acostumbramos a ellas. Decimos cosas como ‘Yo sufro del colon’, ‘Soy alérgica’, ‘Tengo acné’, ‘A mi la comida me inflama’, ‘Sufro de ansiedad’ etc. Y puede parecer irrelevante pero repetir frases como esas, hace que normalicemos los síntomas que no son más que señales de que nuestro cuerpo está enfermo. Como si no hubiera nada que hacer porque sencillamente, así es nuestro cuerpo.

Pero ¿sabes algo? ¡Lo normal es sentirse bien! ¡NO enfermo!

Así que en esta búsqueda de sentirme bien, el primer paso que dí fue el mismo de muchos: comencé a ir al gimnasio.

Mi motivación inicial era puramente estética. Quería un cuerpo tonificado, definido, piernas grandes, glúteos y tren superior definidos, cintura pequeña, etc, etc. Lo típico. Entonces comencé a investigar y a darme cuenta que debía empezar a prestarle atención a mi forma de comer para obtener resultados de verdad.

Y así, una cosa me llevó a la otra. Empecé a investigar más, primero alrededor del mundo del fitness, pero poco a poco mis intereses empezaron a transitar hacia otro lugar porque ya no solamente estaba interesada en cómo se veía mi cuerpo. Sino en cómo se sentía y por qué se sentía enfermo. Si bien había logrado objetivos estéticos, mi intestino, mi piel y mi estado de ánimo aún no estaban bien.

Con el paso de los meses, los años, aprendí por experiencia propia, todo el efecto que estaba teniendo mi alimentación en todos y cada uno de los síntomas describí al principio. Y por supuesto, como vivimos en la era de la información, me encontré con todo tipo de recomendaciones, soluciones y dietas en la internet, que prometían ser la óptima forma de alimentarse, el camino para alcanzar mis objetivos y olvidarme de mis síntomas.

Mi alimentación fue de todas las formas posibles: alta en carbohidratos, baja en carbohidratos, cetogénica, paleo, carnívora, ‘intuitiva’,… ¿Y adivina qué? Todas funcionaron y a la vez, ninguna funcionó. Con todas obtuve distintos beneficios y al mismo tiempo, efectos contraproducentes. Solucionaba algo, pero algo más quedaba por fuera.

Me explico. Mientras pasé por cada una de ellas, caí en el fanatismo y el sesgo de ignorar que:

 
  • Todos los cuerpos son diferentes (suena cliché, pero me costó todo este proceso entenderlo)
  • Todos tenemos objetivos diferentes y necesidades específicas. Así que el contexto en el que se escoge una forma de alimentación ES CLAVE
  • El cuerpo se transforma y tiene cambios físicos y es NORMAL
  • NO HAY una forma de alimentación que le funcione a todo el mundo
  • NO la pena sacrificar tu salud mental por restricciones extremas
  • El extremismo que acompaña al fanatismo de las modas es una bomba de tiempo que puede acabar en culpa y resentimiento con nosotros mismos.
  • Relajarse de vez en cuando (en cualquier contexto) es necesario y no está mal
  • Una alimentación que restringe demasiados alimentos, puede afectar la diversidad de nuestro ambiente intestinal y ser muy contraproducente
  • Ser tan duros con nosotros mismos muchas veces nos arranca la motivación

Y la más relevante de todas:

Mientras que tu intestino no esté sano, ninguna forma de alimentación te dará salud de verdad.

Este camino de probar, descartar, volver a probar y volver a descartar me dejó miles de enseñanzas. Y por eso, cuando conocí la medicina funcional y una forma de abordar la salud de forma holística, mis experiencias cobraron sentido.
Me di cuenta de que cada cuerpo es un universo distinto y que en definitiva, la alimentación, es un gran porcentaje del ‘todo’ especialmente por el impacto que tienen a nivel intestinal. Pero también hay otras áreas de nuestra salud que son muy importantes y no pueden pasar desapercibidas: como nuestro ciclo de sueño, cuánto movimiento tenemos y nuestro sistema de respuesta al estrés (y todas las situaciones emocionales que lo pueden afectar).

Continué investigando mucho más, capacitándome y descubriendo qué funcionaba, qué no funcionaba y por qué.

Descubrí cómo caer en el sesgo del fanatismo en las dietas estaba afectando mis emociones y mi salud intestinal. Descubrí que cuando se trata de hábitos y alimentación, no es cuestión de blancos o negros, sino de encontrar el gris que para cada uno equivale a equilibrio. Entendí cómo yo estaba saboteando mi proceso con mi mentalidad, mis pensamientos y la forma en cómo me hablaba a mi misma. Cuando logras identificar ese crítico interno y tomas consciencia de tu entorno y las situaciones que has vivido, obtienes un panorama claro que te permite entender por qué tienes los resultados que tienes hoy. Y ese es el punto de partida para identificar qué debes hacer para alcanzar tu visión de salud.

Es necesario tomarse el tiempo de explorarse con la mente abierta y sin juzgamientos. Ser consciente y entender por qué estamos donde estamos, y qué hay que abordar para tomar el camino que nos lleva a donde queremos estar. 

También comprobé con mi experiencia que la dieta ideal no existe, y que la información que nos inunda a diario en internet y en redes sociales casi nunca está contextualizada.

Cada persona tiene un proceso único, está en un lugar distinto, con necesidades y objetivos también distintos. Además, lo más importante que siempre queda por fuera es cómo aplicar la información de forma adaptada, efectiva y sostenible.

Durante ese proceso de 6 años descubrí que todo parte de nuestra salud intestinal, la formación de hábitos inteligentes y no someterse a regímenes extremos. Hábitos sostenibles que no solamente le devuelvan el equilibrio a nuestro cuerpo y nos hagan sentir fuertes y saludables, sino que al mismo tiempo estén alineados con nuestra visión de salud, nuestros valores e identidad.
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